Después de dos días en San Salvador de Jujuy fuimos a visitar Tilcara y decidimos que, al día siguiente, volveríamos a buscar un lugar para alojarnos allí.
Así que al día siguiente partimos con bolsos y bolsitos (¡ay, Dios! cómo me gustaría agarrar al que me dijo "hace mucho frío a la noche en Jujuy", ponerle el pullover y la campera de invierno que llevé y dejarlo al sol un par de horas, nomás, pa'que aprenda a callar) a instalarnos a 2.900 metros sobre el nivel del mar.
En el viaje, un heladero le hacía el verso a una maestra jardinera:
Heladero: Hace mucho que usted no viaja con nosotros.
M.J.: Es que tuve un problema el otro día, llegué tarde al jardín, y tuve una discusión con la directora.
H.: Pero usted se olvida de los que la extrañan, señorita, no puede dejarnos así...
(y diálogos parecidos durante casi una hora).
Mientras, veíamos estos paisajes por la ventanilla:
Apenitas bajados del micro fui a preguntar si podíamos dejar los bolsos en la terminal mientras buscábamos un techo, y ahí me encaró el heladero. Evidentemente el tipo estaba en todas.
Heladero: ¿Usted busca alojamiento, señorita?
Yo: Sí, señor.
H: ¿Y está usted sola, señorita, o está con alguien? ¿Cuántos son?
Y: somos dos.
H: Yo tengo un dúplex para ofrecerle, señorita.
Y: ¿Y qué comodidades tiene?
H: El departamento es para cinco, señorita, pero si van dos, los dejamos tranquilos nomás, no metemos a nadie más.
Y: (Gracias, pienso...): Ah, estaría bien, si es tranquilo...
H: ¿Tranquilo? Es más que tranquilo, está en frente de una plaza a la que casi no va nadie, porque no es la plaza principal. Está frente a la Iglesia, mire qué tranquilo.
(Le hago señas a R. para que se acerque, escuche y apruebe lo que para mi ya era un contrato firmado. R se acerca desconfiado, pensando que el señor heladero intenta levantarme).
Y: El señor nos ofrece un departamento.
R (cara de desconfiado): ¿Y es tranquilo el lugar?
H: Acá le estaba diciendo a la señora (de golpe cambió mi estado civil), que el departamento está frente a la iglesia. Es más, vea, está tan cerquita que si usted quiere tomar la comunión, el cura le da la hostia y lo bendice por el balcón, nomás.
Fachada de la iglesia, ahí nomás, frente a la plaza. Me fui sin la bendición prometida por el heladero.
No importa, la bendición fue ir allá
Y allá fuimos: una fachada muy particular, una puerta que cerraba con un candado desde afuera y con un simple pasador desde adentro. R. piensa que al heladero le prestaron la casa por unos días, y que pronto va a llegar el dueño a reclamarnos lo que es suyo, porque jamás firmamos un papel. Yo estoy tranquila. Si me quieren sacar, tendrán que hacerlo a patadas. Yo de ahí no me muevo.
Fachada de la casita. ¿No que es linda? Especial, como mínimo
Observen el balcón terraza, con parrilla (comimos un riquísimo asado, hecho por R.). Allí tomábamos mate por la mañana, mientras esperábamos al cura. No apareció ni ahí. Voy a reclamar.