domingo 6 de diciembre de 2009

Tristezas...

... que se sobreponen al asombro.


No alcanza con ver cartelitos prolijamente pintados para sobreponerse a la enorme tristeza que causa ver tan enorme capital tirado a la basura por unos pocos vándalos que gobernaron el país.






Todo esto es nuestro, era nuestro.

viernes 4 de diciembre de 2009

Adaptarse a la inseguridad

Ciertas seguridades están sobrevaloradas.

¿Qué es eso de querer estar seguros todo el tiempo?
No tengo ganas.
Quiero soltarme de aquello a lo que me aferro aún cuando hace daño.
Quiero no escuchar el pronóstico y olvidarme del paraguas.
Quiero no querer estar segura. 

¿A qué nos aferramos cuando queremos un trabajo seguro, una pareja segura, un pronóstico que acierte?
Para la mayoría de las cosas no existen los seguros contra todo riesgo. Creo que no terminamos de entender que tales cosas no existen, que finalmente cada día trae lo suyo, y que lo que nos hace fuertes, la única seguridad que tenemos es la de sabernos al pie para enfrentar lo que venga.

Si hubiéramos querido saber con seguridad si íbamos a caernos o no cuando aprendimos a caminar, no habríamos aprendido nunca.
No querer correr ningún riesgo implica encerrarse.
Y ni siquiera así...

Nada... que todo esto me lo digo a mi misma y nada más.


¡Nueva entrada en ¿Por qué Adán no dijo "no"?!

jueves 3 de diciembre de 2009

Premios vienen, premios van

Cris me ha premiado. Y para acusar recibo del premio, tengo que memear y repartir premios.

Como es un premio femenino, chicas, preparen sus mejores pilchas y pónganse los ruleros o háganse la toca, y no me vengan a la repartija con la bolsa de la feria.



Esta no soy yo.


Me dijeron femenina y me dijeron inteligente. Bueno, no. A mi no, al blog. Pero bué, yo soy la dueña, así que agarro y me hago cargo.

Como dije, tengo que memear y repartir. Comencemos por el meme:

Meme 1)

Enumerar siete características sobre la dueña del blog:

- Soy hipersensible, lloro por cualquier cosa (snif, snif, gracias, Cris, ya estoy moqueando).
- Soy charlatana.
- Adoro tomar mate.
- No puedo resistirme a las papas, en ninguna de sus formas.
- Hice muchísimas de las cosas que juré no hacer jamás en mi vida.
- Soy muy trabajadora.
- Amo dormir la siesta.

Meme 2)

Abrir el cuarto fichero de la carpeta de imágenes, subir la cuarta foto y explicar algo sobre ella:



No hay mucha explicación que no haya dado ya, aunque tengo un post preparado con imágenes como esta.

Meme 3)
Nombrar diez cosas honestas sobre mí.

Ya dije siete. Van tres más:
- Soy honesta
- Puedo dormir encima de una roca
- Cuando estoy de mal humor, no me soporto a mi misma.

Se lo tengo que entregar a siete personas:

- Abrujandra (ya vas a volver)
- Candorosa (Feliz aniversario)
- Gla
- Sabrina O. (la más femenina de todas, disculpen, chicas)

¡¡¡Y se va el segundo!!!


Candorosa me regaló el Premio al Candor, y cuando me lo regaló me dijo cosas bellísimas que no voy a repetir porque me sonrojo. 
Vaya mi agradecimiento para una bloggera a la que admiro muchísimo (sobre todo por su labia: ¿puede alguien creer que esta chica habla más que yo? Pues sí, es cierto), y coequiper de http://evaserebela.blogspot.com/






¡Gracias a las dos!

lunes 30 de noviembre de 2009

Olvidate

Olvidate del edificio de la vuelta de tu casa. Olvidate del portero, el ascensor y la reunión de consorcio.
Acordate de que tenés dos pies y dos manos, animate a subir, a trepar, a oler aromas tal vez olvidados.
Animate a mirar.
Volvete chico y date cuenta de que sos tan pequeño, tan pero tan...



 
Hay un texto de Eduardo Galeano que pone en (bellísimas) palabras ese sentimiento al que, los que no sabemos escribir y describir tan bien como él, le ponemos palabras tales como "increíble", "alucinante" o "imponente". O la gráfica expresión "no me alcanzan los ojos".

"Diego no conocía la mar. El padre, Santiago Kovadloff, lo llevó a descubrirla.

Viajaron al sur.

Ella, la mar, estaba más allá de los altos médanos, esperando.

Cuando el niño y su padre alcanzaron por fin aquellas cumbres de
arena, después de mucho caminar, la mar estalló ante sus ojos. Y fue
tanta la inmensidad de la mar, y tanto su fulgor, que el niño quedó
mudo de hermosura.

Y cuando por fin consiguió hablar, temblando, tartamudeando, pidió a su padre:

—¡Ayúdame a mirar!"

Todavía tengo los ojos llenos de montaña; de, como dijo la hijita de Abrujandra una vez, "colores que no hay"; de majestuosidad e imponencia. También está esa sensación de saberme tan pero tan pequeña, un punto apenas en medio de este mundo maravilloso. Pero, al mismo tiempo, la de saberme parte de él, como son parte las rocas y los ríos, el pincho de los cardones y la sangre que brota.

Gracias por compartir este viaje conmigo.

Ayudame a mirar. 

Y en unos días habrá una yapa (no, alfajores no quedaron).

sábado 28 de noviembre de 2009

Quebrada de Humahuaca, Peñas blancas y Coctaca

Casi casi voy llegando al final del viaje, por segunda vez.

Esta vez, fotos de la Quebrada de Humahuaca aquí:




Qué puedo decir. Ese lugar es emocionante.

viernes 27 de noviembre de 2009

La Quiaca y Villazón

Acá hay más fotitos de mi viaje. 

Esta vez subimos más todavía, y nos fuimos a La Quiaca, y de allí cruzamos a Villazón, Bolivia.















Dos anécdotas "culinarias".

En Villazón no hay bares; y, muertos de sed, encontramos un lugar donde vendían pollo frito. Allí vendían gaseosas. Como R. detesta la Coca Cola, queríamos un agua mineral para él y una Coca chica para mi. "¿Van a comer pollo frito?", dijo la camarera. "No. Sólo queremos una coca chica y un agua mineral". "Coca chica no hay". "¿Agua mineral?". "No hay". Nos levantamos y salimos.

Un almacén, allá, con un cartel enorme de Coca Cola:

- Hola, queríamos una Coca Cola.
- No hay.
- Agua mineral.
- No hay.
- Agua tónica (dijo R., y yo pensé: "creo que se apunó mal").
- No hay.

Finalmente, a cuatro cuadras de allí, conseguimos un quiosco donde nos vendieron un agua mineral tirando a tibia. Algo es algo.

Vueltos a La Quiaca, y haciendo tiempo hasta la salida del micro, fuimos a la confitería de la terminal. Allí, dos teles gritaban a todo volumen para un público compuesto por tres personas: el mozo, R. y yo.

- Por favor, una Coca, un agua mineral y dos sandwiches de jamón y queso.
- No, sandwich no va a poder ser, porque la cocinera no llega hasta las 7 y media de la tarde.
- (yo, incrédula) ¿No hay sandwiches?
- No.
- ¿Algo para comer?
- Voy a ver qué consigo.

A su vuelta, el mozo nos trajo dos bizcochos de grasa enormes, la Coca y el agua.

Yendo para el baño, me cruzo con una heladera con puerta de vidrio. Allí descansaban, a la espera de una cocinera que supiera cortar fiambre y unos panes, un jamón de proporciones considerables y un queso que se veía exquisito.

Hay veces que uno tiene ganas de ser delincuente. Yo hubiera atracado la heladera con todo gusto.

De yapa, Juan Baglietto. Con esta canción me siento identificada. Cambiar corpiños por calzones y chicas por chicos, por favor.

martes 24 de noviembre de 2009

Tilcara

Después de dos días en San Salvador de Jujuy fuimos a visitar Tilcara y decidimos que, al día siguiente, volveríamos a buscar un lugar para alojarnos allí.

Así que al día siguiente partimos con bolsos y bolsitos (¡ay, Dios! cómo me gustaría agarrar al que me dijo "hace mucho frío a la noche en Jujuy", ponerle el pullover y la campera de invierno que llevé y dejarlo al sol un par de horas, nomás, pa'que aprenda a callar) a instalarnos a 2.900 metros sobre el nivel del mar.
En el viaje, un heladero le hacía el verso a una maestra jardinera:

Heladero: Hace mucho que usted no viaja con nosotros.
M.J.: Es que tuve un problema el otro día, llegué tarde al jardín, y tuve una discusión con la directora.
H.: Pero usted se olvida de los que la extrañan, señorita, no puede dejarnos así...

(y diálogos parecidos durante casi una hora).
Mientras, veíamos estos paisajes por la ventanilla:




Apenitas bajados del micro fui a preguntar si podíamos dejar los bolsos en la terminal mientras buscábamos un techo, y ahí me encaró el heladero. Evidentemente el tipo estaba en todas.

Heladero: ¿Usted busca alojamiento, señorita?
Yo: Sí, señor.
H: ¿Y está usted sola, señorita, o está con alguien? ¿Cuántos son?
Y: somos dos.
H: Yo tengo un dúplex para ofrecerle, señorita.
Y: ¿Y qué comodidades tiene?
H: El departamento es para cinco, señorita, pero si van dos, los dejamos tranquilos nomás, no metemos a nadie más.
Y: (Gracias, pienso...): Ah, estaría bien, si es tranquilo...
H: ¿Tranquilo? Es más que tranquilo, está en frente de una plaza a la que casi no va nadie, porque no es la plaza principal. Está frente a la Iglesia, mire qué tranquilo.
(Le hago señas a R. para que se acerque, escuche y apruebe lo que para mi ya era un contrato firmado. R se acerca desconfiado, pensando que el señor heladero intenta levantarme).
Y: El señor nos ofrece un departamento.
R (cara de desconfiado): ¿Y es tranquilo el lugar?
H: Acá le estaba diciendo a la señora (de golpe cambió mi estado civil), que el departamento está frente a la iglesia. Es más, vea, está tan cerquita que si usted quiere tomar la comunión, el cura le da la hostia y lo bendice por el balcón, nomás.


Fachada de la iglesia, ahí nomás, frente a la plaza. Me fui sin la bendición prometida por el heladero.
No importa, la bendición fue ir allá


Y allá fuimos: una fachada muy particular, una puerta que cerraba con un candado desde afuera y con un simple pasador desde adentro. R. piensa que al heladero le prestaron la casa por unos días, y que pronto va a llegar el dueño a reclamarnos lo que es suyo, porque jamás firmamos un papel. Yo estoy tranquila. Si me quieren sacar, tendrán que hacerlo a patadas. Yo de ahí no me muevo.


Fachada de la casita. ¿No que es linda? Especial, como mínimo

Observen el balcón terraza, con parrilla (comimos un riquísimo asado, hecho por R.). Allí tomábamos mate por la mañana, mientras esperábamos al cura. No apareció ni ahí. Voy a reclamar. 


Me hubiera gustado que me dedicaran...

  • Cartas a Milena (obvio) - Franz Kafka

Algunos libros que me hubiera gustado escribir... Bueno, por lo menos los leí!

  • Rayuela - Julio Cortázar
  • El libro de los abrazos - Eduardo Galeano
  • Alicia en el país de las maravillas - Lewis Carroll